• Objetivo

    El objetivo de psicología integral es proveer un apoyo psicológico a través de una terapia en la cual se oriente y ayude a las personas a enfrentar y resolver situaciones conflictivas ya sea en las relaciones afectivas, en lo laboral y/o en lo económico.

    Al atender las diversas situaciones problemáticas se aminoran los sentimientos constantes de frustración, insatisfacción, baja autoestima, estrés y/o ansiedad. Asimismo se busca dotar a la persona de mayor autonomía, independencia y bienestar para asumir y resolver problemas obteniendo así, una mejor calidad de vida.

  • ¿Quiénes Somos?

    Psicología integral es un grupo de psicoanalistas y psicoterapeutas quienes se han ocupado por más de 20 años a estudiar y atender los aspectos relacionados a la vida emocional de las personas.

    Cuentan con estudios de doctorado de las mejores universidades del país y del extranjero, capacitándose constantemente y asistiendo a congresos y simposios. Se han desempeñado en la práctica clínica de psicoterapia psicoanalítica para el tratamiento de adolescentes y adultos.

    En el área de docencia, han impartido cátedra de materias relacionadas con la Psicología de la Educación, Teorías de la Personalidad, Psicopatología, Psicología Clínica, etc. en diversas universidades.

    Han incursionado en la rama de la Medicina Preventiva aplicando una medición de estrés para ayudar a las personas a lidiar con el estrés que provocan las situaciones de la vida cotidiana.

    Publican artículos en revistas científicas. Asimismo imparten cursos y talleres de autoestima, programación neurolingüística, manejo del estrés y enfrentamiento de situaciones conflictivas, entre otros, tanto en instituciones públicas como privadas.

  • Contacto

    Formulario de contacto enviado! pronto le responderemos.



    Visitenos


    Dra. Rebeca Szydlo

    Teléfono: 5293-2182

    E-mail:
    rebeca.szydlo@psicologia-integral.com

    Dra. Sofía Kanan

    Teléfono:5 291-2428

    E-mail:
    sofia.kanan@psicologia-integral.com





  • Estrés

    ¿Qué es el estrés?

    Es la condición mental y física que ocurre en cualquier momento que debemos ajustarnos o adaptarnos al medio ambiente. Además de que es causado por las situaciones desagradables, también es causado por otro tipo de sucesos como un nuevo trabajo, un viaje, una nueva relación, etc.

    Otras cosas que pueden causar estrés son: perder el trabajo, los hijos marchándose o regresando a la casa, la muerte de un cónyuge, el divorcio o el matrimonio, una enfermedad, una lesión, una promoción en el trabajo, problemas económicos, mudarse, o tener un bebé.

    Cualquier tipo de cambio puede producir estrés. No es solamente el cambio o el suceso en sí, también la forma como reaccionamos a éste. Lo que puede causar estrés es diferente para cada persona. Por ejemplo una persona puede sentirse liberada al jubilarse del trabajo, mientras que otra puede sentirse estresada.

    En la Ciudad de México todos estamos propensos a tener un nivel de estrés muy alto a causa del tráfico, contaminación e inseguridad con las que debemos lidiar además de las situaciones personales.

    Los síntomas físicos a corto plazo son: sudoración, aumento del ritmo cardiaco, respiración y tensión muscular.

    En el aspecto emocional los síntomas varían en cada persona pero comúnmente se ven reflejados en conductas de agresividad o aislamiento, depresión, empobrecimiento en las relaciones personales, falta de energía y desgano, baja autoestima, comer, beber o fumar en exceso, etc.

    El estrés no debe ser considerado únicamente un factor negativo ya que se requiere de un monto de estrés importante para la producción y la creatividad. El problema es cuando éste se prolonga demasiado, ya que el organismo no tiene la capacidad de recuperarse.

    La vida urbana genera todo tipo de presiones como por ejemplo, cuando deben acelerarse las actividades, ya sea para cumplir plazos límite, cuando surge una obligación inesperada o cuando se debe trabajar a capacidad máxima en un periodo de tiempo prolongado. Esto desde luego, aumenta el nivel de estrés.

    El peligro del estrés radica en que comúnmente se convierte en un círculo vicioso:

    Al no ser exitoso un proceso y tener que repetirlo en menor tiempo y con mayor esfuerzo, aumenta el nivel de estrés afectando al sistema inmunológico que produce enfermedades somáticas (gripa, cardiopatías, trastornos digestivos, dermatitis, etc.) Obviamente las enfermedades orgánicas disminuyen la energía para un desempeño adecuado.

    ¿Cómo manejar el estrés?

    • Hacer ejercicio
    • Meditación y relajación
    • Tomarse el tiempo necesario para cada actividad
    • Organizar y planear
    • Alcanzar un equilibrio (trabajo, ejercicio, descanso, socializar)
    • Reconocer y aceptar límites
    • Buscar el apoyo social
    • Expresar los sentimientos verbalmente o por escrito
    • Reemplazar pensamientos preocupantes por pensamientos optimistas

    ¿Cuándo buscar ayuda psicológica?

    Cuando el estrés es crónico, frecuentemente sucede que la aplicación de alguna o varias de estas prácticas no es suficiente para controlar o manejar el cúmulo de estrés. Cuando los síntomas desagradables persisten, es importante consultar a un profesional de la salud mental para afrontar la frustración y el conflicto, reconocer la fuente del estrés y buscar una alternativa para la modificación del comportamiento ineficaz.

    Suelen ser muy eficientes las psicoterapias con orientación psicoanalítica, así como las terapias cognitivo conductuales.

  • Trastornos en el Control de Impulsos

    La impulsividad y la agresión, son dos aspectos de la conducta humana que se identifican como trastornos en el control de los impulsos.

    La impulsividad es definida como una falla para resistir un impulso que puede ser potencialmente dañino para uno mismo o los demás. La conducta impulsiva es impetuosa y deliberada. Un impulso puede ser súbito y transitorio o puede presentarse con un incremento gradual en los niveles de tensión hasta la explosión de la expresión del impulso, resultando en una conducta violenta. Lo que hace patológico a un impulso, es la incapacidad para resistirlo y su expresión en situaciones inapropiadas.

    La agresión, es una forma de conducta dirigida a lesionar o lastimar de forma autodirigida o en contra de los demás. La gama de conductas agresivas es diversa, pero a menudo culmina en lesiones físicas, verbales y psicológicas. Los actos agresivos pueden ser clasificados como defensivos, premeditados o impulsivos.

    Los trastornos mentales que cursan con impulsividad y agresión son diversos, entre ellos destacan: los trastornos de la personalidad limítrofe y antisocial, desórdenes neurológicos que cursen con conducta desinhibida, trastornos de la atención con hiperactividad, abuso de sustancias y alcohol, trastornos de la conducta alimentaria, trastornos depresivos o maníacos que cursen con agitación psicomotriz. La impulsividad se ha correlacionado con la conducta violenta y el suicidio, incrementando la morbilidad y mortalidad de las personas y causando una prolongada disfunción en los ámbitos familiar, social y laboral.

    El origen por lo tanto de la conducta agresiva e impulsiva es multifactorial, en donde se ven involucrados factores biológicos, ambientales, psicosociales, culturales, y neuropsiquiátricos.

    Los trastornos del control de los impulsos más frecuentes son:

    • Trastorno Explosivo Intermitente
    • Cleptomanía
    • Piromanía
    • Tricotilomanía
    • Juego Patológico
    • Automutilación
    • Impulsividad Sexual

    El tratamiento de este trastorno pretende ayudar a la persona a controlar los impulsos que le llevan a perjudicarse a sí mismo y a los demás. La psicoterapia individual debe combinar tanto técnicas cognitivo conductuales cómo técnicas de introspección propias del psicoanálisis. Las técnicas cognitivo-conductuales pretenden concientizar al paciente del grado de perjuicio que provoca con sus conductas, ayudar a la persona a detectar qué y cómo se desencadena el impulso, y a reconocer las sensaciones físicas y los pensamientos asociados cuando se presenta una conducta impulsiva.

    En algunos casos es conveniente complementar el tratamiento psicológico con un tratamiento farmacológico.

  • Depresión

    La depresión, hoy día, es uno de los problemas de salud más frecuentes en todo el mundo. En algún momento de la vida, casi uno de cada cuatro individuos sufrirá por lo menos un episodio de depresión. Sin embargo, en la actualidad, hay mucha gente que aun no reconoce la presencia de esta enfermedad la cual tiene gran impacto en la salud y bienestar de las personas, por lo cual es importante conocer la información que ayude a identificar las causas, los síntomas y los tratamientos a seguir como medida preventiva y/o curativa, según sea el caso.

    Como punto de partida es importante mencionar que la depresión puede afectar a cualquier persona, independientemente de la edad, raza, nivel socioeconómico o sexo. Pero además puede convertirse en una enfermedad incapacitante que ocurre tanto en mujeres como en varones, teniendo una tasa de incidencia en la mujer de casi el doble que en el hombre.

    Recientes investigaciones confirman que la depresión es una de las enfermedades con mayor aparición en comparación con otras, por lo que se requiere mucha atención a su tratamiento. No excluye a niños ni a adolescentes, ni a adultos mayores; de hecho estas personas forman parte de un grupo altamente vulnerable, al igual que las personas viudas y divorciadas.

    La depresión es una enfermedad que altera el estado de ánimo, la manera de pensar, y la autoestima; interfiriendo con la capacidad de realizar las actividades cotidianas, tales como el trabajar, estudiar, dormir, comer y disfrutar de actividades que antes eran placenteras, incluyendo el sexo, las relaciones sociales, los hobbies, etc.

    Esta enfermedad puede ocurrir sola o presentarse simultáneamente como una extensión y/o complicación de otra enfermedad. Es posible que ocurra como reacción a algunos medicamentos, después de un proceso de duelo, pérdida y/o separación e inclusive cambios rápidos y repentinos; aunque muchas veces también puede presentarse sin ningún factor “detonante” aparente.

    Tener algunos síntomas de depresión, no significa que una persona esté deprimida clínicamente. Por ejemplo, es normal que quien haya perdido un ser querido se sienta triste y no muestre interés en las actividades cotidianas. Si estos síntomas persisten por un período largo, entonces se puede sospechar que la tristeza se ha convertido en depresión. De igual manera, vivir con el estrés de perder el empleo, de exceso de trabajo o de problemas económicos o familiares, puede causar irritabilidad y afectar negativamente el estado de ánimo. Hasta cierto punto, sentirse así es simplemente parte de la vida, pero si la persona siente estas cosas por mucho tiempo y con mayor intensidad, y llega a verse afectadas sus actividades laborales, familiares y sociales, entonces, lo que parecía ser un cambio de estado de ánimo, puede convertirse en una condición clínica.

    La depresión se manifiesta a menudo en:

    • Sentimientos persistentes de tristeza, ansiedad, o vacío
    • Sentimientos de desesperanza y/o pesimismo
    • Sentimientos de culpa, inutilidad, y/o impotencia
    • Irritabilidad, inquietud
    • Pérdida de interés en las actividades o pasatiempos que antes disfrutaba, incluso las relaciones sexuales
    • Fatiga y falta de energía
    • Dificultad para concentrarse, recordar detalles, y para tomar decisiones
    • Insomnio, despertar muy temprano, o dormir demasiado
    • Comer excesivamente o perder el apetito
    • Pensamientos suicidas o intentos de suicidio
    • Dolores y malestares persistentes, dolores de cabeza, cólicos, o problemas digestivos que no se alivian incluso con tratamiento

    Tratamiento

    Al igual que cualquier otra enfermedad, mientras más pronto se comience el tratamiento, más eficaz puede ser y es más alta la probabilidad de prevenir situaciones graves. Desde luego que el tratamiento no elimina los inevitables factores de estrés de la vida, pero ayuda a obtener mayor capacidad para enfrentar los desafíos y logra que se disfrute más de las actividades y las relaciones.

    El primer paso en el tratamiento de la depresión debe ser un examen físico para asegurarse si existe o no una condición que cause los síntomas depresivos. Una vez descartados factores físicos, el médico debe remitir al paciente a un profesional de la salud mental.

    Los tratamientos más comúnmente usados para la depresión son:

    • farmacológicos
    • psicoterapéuticos
    • mixto

    Farmacológicos: Los medicamentos anti-depresivos se usan en casos de depresión mayor o síntomas crónicos que no han cedido a otros tratamientos. La administración de medicamentos anti depresivos debe ser siempre vigilada y controlada por un médico psiquiatra, ya que es muy importante que la dosis sea la adecuada y se puedan minimizar los efectos secundarios.

    Psicoterapéuticos: Las terapias cognitivo-conductuales se centran en cambiar los patrones negativos de pensamiento que contribuyen a la depresión. Las terapias de corte psicoanalítico abordan aspectos inconscientes mismos que ayudan a entender las causas y las ganancias secundarias de una depresión. Este tipo de terapias suelen lograr resultados a largo plazo.

    Mixto: Existen casos en los que es necesario combatir los síntomas de la depresión con tratamientos farmacológicos en combinación con una psicoterapia. En estos casos, el abordaje multimodal requiere de un trabajo en conjunto entre psiquiatra y el psicoterapeuta.

    Finalmente, es fundamental mencionar que para la atención y tratamiento de este trastorno, es muy importante lograr que quien la padece, sea capaz de aceptarla y reconocerla, ya que de lo contrario no se podrá conseguir que el tratamiento sea eficaz.

  • Ansiedad

    La ansiedad es una sensación o un estado emocional. El sentimiento de ansiedad es normal en las personas y nace de un conjunto de emociones nuevas o exigentes a las que hay que enfrentarse. Es la forma habitual en que una persona responde o enfrenta diferentes situaciones cotidianas estresantes. Sólo cuando esa sensación o estado emocional sobrepasa de cierta intensidad o supera la capacidad adaptativa de la persona, esta emoción que normalmente nos es útil, puede dar lugar al resultado opuesto: impide enfrentarse a la situación, paraliza y trastorna la vida diaria, provocando malestar, e incluso en muchas ocasiones impide llevar una vida normal. Es cuando la ansiedad se convierte en patológica, provocando así un malestar significativo con síntomas que afectan los aspectos físicos, psicológicos y conductuales.

    Existen varios tipos de ansiedad, entre los que se encuentran:

    • la ansiedad generalizada
    • el trastorno de pánico
    • diversas fobias específicas
    • la neurosis obsesiva-compulsiva
    • el estrés postraumático

    Según el tipo de ansiedad, los síntomas pueden ser diferentes, por ejemplo:
    En los trastornos de la ansiedad generalizada:

    • los mareos
    • tensión muscular
    • dolores de cabeza
    • temor


    En el trastorno de pánico:

    • ataques de ansiedad con intenso miedo a morir. Los pacientes refieren que les falta el aire, sensación de hormigueo en los brazos, y palpitaciones


    Los síntomas pueden variar en cada persona, sin embargo se observan en general, además de los ya citados:

    • pensamientos de preocupación autodevaluatorios
    • comparación desfavorable con otras personas
    • un estado de ánimo que está más bajo de lo normal
    • sentimientos de miedo y desesperanza
    • nerviosismo, inquietud o impaciencia e irritabilidad
    • movimiento de las piernas e incapacidad para relajarse
    • fatiga crónica
    • sudoración, palpitaciones o taquicardia
    • problemas gastrointestinales
    • sequedad de boca
    • mareos
    • hiperventilación(aumento en el numero de respiraciones por minuto)
    • dificultad para concentrarse o poner la mente en blanco
    • dificultad para conciliar, mantener el sueño o sensación al despertarse de no haber descansado bien


    Los trastornos de ansiedad como tal son un grupo de enfermedades que se caracterizan por la presencia de preocupación, tensión, miedo o temor excesivo que provoca un malestar notable y/o un deterioro clínicamente significativo de la actividad del individuo. Sus causas no son totalmente conocidas, pero se relacionan a ellos factores biológicos, ambientales y psicosociales.

    Entre los factores biológicos se han encontrado alteraciones en los sistemas neurobiológicos, así como anomalías estructurales en el sistema límbico. Además, se han observado ciertas alteraciones físicas y una mayor frecuencia en el uso de medicinas, alcohol, drogas y/o sedantes así como otras sustancias, así como la suspensión abrupta de los mismos, sin supervisión médica.

    Entre los factores ambientales se ha encontrado la influencia de determinados estresores ambientales, y una mayor hipersensibilidad a ellos.

    Dentro de los factores psicosociales se encuentran las situaciones de estrés, el ambiente familiar, las experiencias amenazadoras de vida y las preocupaciones excesivas por temas cotidianos. Asimismo, se ha observado la gran influencia que las características de la personalidad pueden tener sobre los trastornos de ansiedad.

    De acuerdo a lo anterior, se puede decir que es la interacción de múltiples factores, lo que favorece la aparición de estos trastornos de ansiedad.

    Tratamiento

    En cualquiera de estas problemáticas la persona se siente ansiosa casi todo el tiempo. Muchas personas no entienden estos trastornos y piensan que deberían sobreponerse a los síntomas usando tan sólo la fuerza de voluntad, pero no da resultado. Es necesaria una intervención terapéutica que facilite estrategias que permitan aprender a controlar la ansiedad llevándola hasta niveles razonables, y aprovechar su carácter motivador para que, en lugar de deteriorar el rendimiento, lo facilite.

    Varios estudios señalan que las terapias cognitivo-conductuales alcanzan los resultados más satisfactorios y llegan a ser superiores a los tratamientos farmacológicos, cuyos efectos beneficiosos lo son sólo a corto plazo y acompañados de efectos secundarios.

  • Autoestima

    Para hablar de la autoestima es necesario primero diferenciar el autoconcepto de la autoestima.

    El autoconcepto es la suma de creencias que tenemos de nosotros en base a nuestras cualidades personales, es decir “que sabemos (o creemos saber) de nosotros mismos”. La conciencia que cada uno tenemos de cuales son los rasgos de nuestra identidad, cualidades y características más significativas de nuestra manera de ser. Este concepto de “nosotros mismos” lo vamos formando a lo largo de la vida al ir interpretando nuestras emociones y conductas, y al compararlo con el de los demás.( ¿es igual o diferente? ). Podemos sentir desde que no valemos nada, lo que implica insatisfacción, rechazo y desprecio de sí mismo, hasta que uno es “suficientemente bueno”, o que somos los mejores.

    La Autoestima son las creencias o valoraciones que tenemos acerca de nosotros mismos: como nos sentimos con nosotros mismos. Son aquellas cualidades, capacidades, habilidades, modos de sentir o de pensar así como experiencias que conforman nuestra “imagen personal” o “autoimagen” y que hemos ido incorporando a lo largo de la vida. Nos sentimos listos o tontos, capaces o incapaces, nos gustamos o no.

    Esta autovaloración es muy importante, debido a que de ella depende en gran medida, la realización de nuestro potencial personal y nuestros logros en la vida.

    Así, las personas que tienen una buena autoestima, que se sienten bien consigo mismas, son capaces de resolver los retos y enfrentarse a las responsabilidades de la vida. Por el contrario, los que tienen una baja autoestima, suelen autolimitarse y las experiencias, sentimientos y el concepto que vayan desarrollando de sí mismos darán como resultado una sensación general de minusvalía e incapacidad.

    ¿Qué determina nuestra autoestima?
    el concepto que tenemos de:

        nuestro yo físico
        el ético o moral
        el personal
        el familiar
        el social
        la identidad
        la autoaceptación
        el comportamiento y la autocrítica


    Esta visión de nuestro yo está en constante cambio y desarrollo dependiendo de nuestra experiencia, de las circunstancias de la vida y del contexto social en el que nos movemos.

    La autoestima se construye desde la infancia, y depende de la forma en que se relaciona el niño con las figuras significativas para él, principalmente los padres.

    En la infancia el niño descubre que es un ser distinto de los demás y que hay personas que lo aceptan y personas que lo rechazan. A partir de esas experiencias tempranas de aceptación y rechazo de los demás es cuando empezamos a adquirir una idea sobre lo que valemos o no.

    Algunas conductas que un niño con una autoestima positiva puede desarrollar de forma más eficaz:

        Es capaz de tolerar algo cuando no le salen las cosas como él quiere
        Logra ser autónomo en la realización de tareas
        Confía en sus propias capacidades
        Es capaz de enfrentarse y superar situaciones nuevas
        Puede desarrollar una personalidad más plena y una mejor autopercepción
        Se enfrenta al conflicto con una actitud positiva
        No necesita constantemente que otros le digan si lo ha hecho bien
        Persevera ante las dificultades


    Durante la adolescencia, una de las fases más críticas en el desarrollo de la autoestima, el joven necesita ir creando una identidad firme y conocer a fondo sus posibilidades como individuo; también necesita el apoyo social por parte de otros cuyos valores coincidan con los propios. Una autoestima configurada positivamente, es uno de los recursos más valiosos con los que puede disponer un adolescente, de esta forma, desarrollará relaciones satisfactorias, estará más capacitado para aprovechar las oportunidades que se le presenten, para trabajar productivamente y ser autosuficiente.

    Se dice que una persona tiene baja autoestima cuando su visión de sí mismo está muy distorsionada de lo que es en realidad y por lo general tiene exigencias demasiado perfeccionistas sobre lo que debe ser o hacer:

        Presenta problemas de identidad, y dificultad para conectarse con intereses auténticos.
        Muestra timidez, falta de iniciativa, o dificultad para enfrentar situaciones de fracaso
        Puede llegar a desarrollar diferentes trastornos como la depresión o problemas psicosomáticos entre otros, características que impiden el crecimiento.


    Tratamiento. Para poder ayudar a una persona que tiene autoestima baja, primero que nada se tiene que concientizar del problema que tiene, y luego se la podrá ayudar llevándolo a un especialista y apoyándolo durante el tratamiento o el proceso de recuperación. Suelen ser eficientes las psicoterapias psicoanalíticamente orientadas, así como también las terapias cognitivo-conductuales.

  • Adicciones

    La adicción es una enfermedad crónica con factores genéticos, psicosociales y ambientales que influencian su desarrollo y manifestaciones. La enfermedad es frecuentemente progresiva y fatal. Es caracterizada por episodios continuos o periódicos de descontrol sobre el uso de una substancia tóxica o de una conducta, la incapacidad para controlar la conducta, a pesar de las consecuencias adversas, distorsiones del pensamiento, y una rotunda negación para aceptar que se tiene una enfermedad.

    Enfermedad significa una discapacidad involuntaria. Representa la suma de fenómenos anormales que se presentan en un grupo de individuos. Estos fenómenos están asociados con un conjunto específico de características comunes, por lo que estos individuos difieren de la norma, y que los coloca en desventaja.

    Frecuentemente progresiva y fatal significa que la enfermedad persiste a lo largo del tiempo y que los cambios físicos, emocionales y sociales son frecuentemente acumulativos y progresan mientras el uso continúa. La adicción causa muerte prematura a través de sobredosis, complicaciones orgánicas que involucran al cerebro, hígado, corazón, y otros órganos, dependiendo del tipo de adicción; y contribuye a la ocurrencia de suicidios, homicidios, violencia, maltrato, violación y abuso sexual, accidentes y otros eventos traumáticos interpersonales y/o familiares.

    Descontrol se refiere a la inhabilidad para limitar el uso, la duración del episodio de uso, la intensidad del uso y las consecuencias conductuales del uso.

    Preocupación asociada con el uso se refiere a la inversión excesiva de atención hacia el uso, el sustrato del uso, los efectos del uso, las situaciones relacionadas con el uso; lo cual significa una gran inversión de energía y tiempo en las actividades adictivas, traduciéndose en un relativo descuido de los intereses importantes de la vida diaria.

    Las consecuencias adversas son problemas relacionados con el uso que llevan a impedimentos en las áreas de: salud física, funcionamiento psicológico, funcionamiento interpersonal, funcionamiento ocupacional; y problemas legales, financieros y espirituales.

    La negación es usada aquí, no solo en el sentido psicoanalítico de un simple mecanismo de defensa que descalifica el significado de los eventos, sino más ampliamente incluyendo un amplio rango de maniobras psicológicas diseñadas para reducir la conciencia del hecho de que el uso es la causa de los problemas del individuo, más que una solución a estos problemas. La negación se convierte en una parte integral de la enfermedad y un obstáculo importante para la recuperación.

    El tratamiento es un proceso que consiste en una serie de intervenciones estructuradas y dirigidas a apoyar y promover la recuperación de la persona hacia una mejor calidad de vida. Generalmente para las adicciones en las cuales hay uso de sustancias tóxicas se requiere de un tratamiento multimodal es decir la combinación simultanea de un tratamiento médico y terapia cognitivo conductual (ya sea individual o en grupo) Una vez que la persona esté limpia de dichas sustancias es recomendable que asista a una terapia psicoanalíticamente orientada con el fin de identificar la conflictiva emocional de su personalidad adictiva.

  • Trastornos de la Sexualidad

    La sexualidad es un fenómeno complejo que involucra aspectos tanto biológicos, como psicológicos y sociales. Por lo mismo, sin darnos cuenta y sin pensarlo nos acompaña desde los orígenes de nuestra vida. No es fácil definirla debido a lo extenso de los factores que la conforman; y es por ello que los problemas en la sexualidad son más comunes de lo que se cree.

    Todos estamos expuestos a padecer alguna disfunción sexual en algún momento de nuestras vidas, sin importar nuestra orientación sexual, género, o edad. Comprenderlo es de suma importancia pues muchas veces, por pena o ignorancia, no se busca ayuda, afectando gravemente el erotismo y emocionalidad en general, y por consecuencia, el resto de la vida cotidiana, de la persona.

    Los trastornos sexuales pueden clasificarse según el DSM-IV (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) de la siguiente forma:

    • Trastornos de la identidad sexual
    • Parafilias
    • Disfunciones sexuales

    TRASTORNOS DE LA IDENTIDAD SEXUAL

    En este trastorno lo fundamental es la incongruencia entre el sexo anatómico y la identidad sexual. Debe evidenciarse que el individuo se identifica de un modo intenso y persistente con el otro sexo. El trastorno se manifiesta por cuatro o más de los siguientes rasgos : deseos repetidos de ser, o insistencia en que uno es, del otro sexo; en las mujeres, insistencia en ponerse solamente ropa masculina y en los varones, preferencia por vestirse con ropa de mujer; preferencia intensa y persistente por el papel del otro sexo o fantasías recurrentes de pertenecer al otro sexo, de adquirir su aspecto físico, mediante tratamiento hormonal o quirúrgico; atracción intensa a participar en los juegos y pasatiempos propios del otro sexo, y marcada preferencia por compañías del otro sexo.

    Muchos pacientes con este trastorno se aíslan socialmente, experimentan una merma de su autoestima y pueden presentar síntomas de ansiedad y depresión. Algunos de ellos se dedican a la prostitución, exponiéndose a diversos riesgos, principalmente a contraer el SIDA. Son también frecuentes los intentos de suicidio y los trastornos por abuso de sustancias psicoactivas.

    PARAFILIAS

    Las parafilias, son nombradas así, porque es necesario el uso indispensable de la imaginación, los actos inusuales o extravagantes, para la excitación sexual. Tales imágenes o actos, que tienden a ser insistentes e involuntariamente repetitivos, implican:
    a) La preferencia por el uso de objetos sexuales no humanos para alcanzar la excitación sexual.
    b) Actividad sexual repetitiva con personas, pero en la que se da sufrimiento o humillación real, no simulada.
    c) Actividad sexual repetitiva con niños o personas que no consienten.

    Algunas personas con parafilias no piensan que tienen un problema, y consideran que lo que les es molesto es la "incomprensión" de los demás. Otros, experimentan sentimientos de vergüenza y culpa, y presentan sintomatología ansiosa y depresiva asociada. Lo que tienen en común todos ellos, es una gran inmadurez emocional. Entre las parafilias mas conocidas están: el exhibicionismo, la paidofilia, el fetichismo, el masoquismo y sadismo sexual, el vouyerismo, entre otras.

    DISFUNCIONES SEXUALES

    Las disfunciones sexuales se caracterizan por una perturbación del deseo, por los cambios psicofisiológicos en alguna de las fases de la respuesta sexual y por el sentimiento de malestar y las dificultades interpersonales que ellas generan.

    Entre las disfunciones sexuales están: los trastornos del deseo sexual; los trastornos de la excitación sexual; los trastornos del orgasmo; los trastornos sexuales por dolor; disfunción sexual debida a una enfermedad médica; disfunción sexual inducida por sustancias. Estas disfunciones pueden ser primarias, cuando han existido siempre; adquiridas, cuando ellas aparecen después que el individuo ha logrado un nivel de funcionamiento sexual normal; generalizadas, cuando se dan en cualquier situación; situacionales, cuando sólo se presentan en circunstancias o con parejas determinadas; parciales, cuando existe un cierto grado de respuesta y finalmente totales, cuando la respuesta es nula.

    A estas alteraciones, se asocian molestias diversas tales como ansiedad, depresión, sentimientos de vergüenza, culpa y miedo al fracaso. Los resultados, en general, son favorables con el uso combinado de sexoterapia y psicoterapia individual y/o de pareja.

    Independientemente de las preferencias sexuales de cada persona, es indispensable ejercer la sexualidad con responsabilidad y sin dañar a otros. Cuando esto no sucede, es de suma importancia consultar a un profesional de la salud mental para comprender, analizar y hacer los ajustes necesarios para tener una vida sexual plena.

  • Conflictos Laborales

    Por conflicto se entiende aquella situación en la que dos o más partes están en desacuerdo entre sí. El desacuerdo puede ser multicausal y dentro de una organización, dicho conflicto genera dos consecuencias básicas: ineficiencia e inefectividad. La ineficiencia puede abarcar desde una interferencia mínima en las operaciones de la compañía, hasta la aparición de serias disfunciones que atentan contra la efectividad de la organización.

    El conflicto entre personas, a diferencia del de grupos, es que éste ocurre a nivel individual. Es la tensión que surge entre individuos en una organización debido a las diferencias filosóficas y de percepción de la manera en que se debe llevar a cabo el trabajo, además de metas personales opuestas.

    Los conflictos entre los subordinados y su jefe afectan a los primeros cuando tienen relaciones tensas con el segundo. En apariencia, la comunicación subordinado–jefe puede parecer fluida, pero la tensión frecuente origina pequeños conflictos, cuya repetición genera desmotivación. En este tipo de conflicto predomina la actitud de víctima, porque el subordinado se siente víctima del jefe. Las relaciones de mando son las que provocan más tensión ya que los responsables tienen que mostrar cotidianamente su autoridad y su tenacidad corriendo el riesgo de provocar conflictos. El jefe que quiera tener pocos conflictos debe ser una persona siempre presente, siempre disponible, debe saber escuchar y siempre estar dispuesto a formar e informar permanentemente a sus subordinados. Por otra parte, los conflictos entre los subordinados y su jefe provocan tensión, pérdida de tiempo y por consecuencia gran ineficiencia.

    Debido a las difíciles condiciones laborales actuales, existe una tendencia a desempeñarse en varias actividades laborales dentro de una misma organización o en varias organizaciones, que garanticen unos ingresos económicos adecuados. Cuando los objetivos de esas organizaciones, o dentro de la misma se contraponen, puede aumentar la posibilidad de conflicto.

    Se da muchas veces el caso en el que las exigencias del trabajo sobrepasan las capacidades del individuo; esta persona probablemente llegue a sentirse insegura, frustrada, incapaz y tienda a retraerse física y psicológicamente. El caso contrario también es común y consiste en que las capacidades de la persona sobrepasan las exigencias del trabajo que desempeña; esto puede conducir a que el individuo se muestre apático, frustrado y aburrido. También la ambigüedad, es decir, cuando el individuo no está plenamente seguro de lo que debe realizar y de las exigencias de su trabajo, o cuando hay demasiadas exigencias, esto puede provocar un alto grado de incertidumbre y ansiedad, que a su vez pueden desencadenar otros conflictos (p. e., con el jefe o compañeros).

    La ansiedad y el estrés se han convertido hoy en día, en problemas psicológicos muy importantes no sólo dentro del ámbito clínico o psicoterapéutico, sino también, dentro del mundo empresarial. El estrés laboral es un fenómeno personal y social cada vez más frecuente y con consecuencias importantes en el ámbito individual y organizativo. A nivel individual puede afectar al bienestar físico y psicológico.

    Desde el punto de vista del individuo, el trabajo es una actividad que las personas tienen que ejercer por necesidad para poder obtener, directa o indirectamente, mediante un salario, los bienes que le permitan no sólo sobrevivir, sino alcanzar unas compensaciones personales y sociales lo más satisfactorias posibles. El trabajo no sólo es fuente de ingresos económicos y proporciona una mejor calidad de vida, sino que es una fuente de riesgo también, ya que puede limitar la salud, incidiendo en ella de una forma violenta a través de los accidentes de trabajo, provocando enfermedades somáticas o psíquicas, o bien generando fatiga muscular o nerviosa que conlleva la alteración de la salud.

    El estrés es un proceso adaptativo que juega un papel importante en la supervivencia de las personas. Sin embargo, los efectos del estrés se pueden tornar negativos bajo ciertas condiciones (cambio de puesto de trabajo, adquisición de nuevas responsabilidades o competencias).

    En los tiempos en los que vivimos, las situaciones de prueba son cada vez más frecuentes en la vida de los individuos. Desde que comenzamos la escolarización hasta que llegamos a la Universidad el número de pruebas a las que debemos enfrentarnos es enorme y nuestro futuro depende en gran medida del rendimiento que tengamos en las mismas. De igual manera, en el ámbito laboral la realización de pruebas está siempre presente y de hecho, para acceder a la mayoría de los puestos de trabajo hay que superar pruebas de selección, exámenes psicotécnicos, etc. Esto provoca un estado de gran ansiedad y estrés que genera preocupación por el fracaso, bajo rendimiento en la tarea, incapacidad para tomar decisiones, problemas de autoestima, percepción negativa de la propia capacidad, tensión, nerviosismo, fracaso académico, absentismo laboral y cambio de trabajo.

    Se presenta también la violencia laboral, que está constituida por incidentes en los que el trabajador sufre abusos, amenazas o ataques en circunstancias relacionadas con su trabajo que ponen en peligro, implícita o explícitamente, su seguridad, su bienestar y/o su salud. Si bien puede bastar un único incidente, la violencia psicológica consiste a menudo en actos repetidos, indeseados, no aceptados, impuestos y no correspondidos, que pueden tener para la víctima un efecto devastador.

    Los conflictos que no se abordan tienden a intensificarse o a empeorar y pueden destruir la comunicación y las relaciones de los trabajadores, por ello, y debido a que generan en ellos múltiples problemas emocionales, es muy importante buscar la ayuda adecuada tanto dentro de la empresa con técnicas de comunicación y resolución de conflictos, como de apoyo psicológico para la adecuada atención de dichos problemas emocionales, con lo que se espera se resolverán los conflictos y el individuo estará más contento pudiendo rendir adecuada y eficazmente.

  • Familias Uniparentales

    La familia uniparental o monoparental es aquella familia que se constituye por uno de los padres y sus hijos. Puede derivar de circunstancias muy diversas, y puede ser resultado de una opción voluntaria o de circunstancias no deseadas. Sus causas pueden ser el fallecimiento de uno de los progenitores, el divorcio o la separación de estos, el nacimiento de un niño con una madre soltera, el rechazo del otro progenitor a asumir su papel, la adopción por una persona sola, y por un embarazo precoz donde se configura otro tipo de familia dentro de la mencionada.

    La monoparentalidad es una realidad social, familiar y personal que surge de determinadas condiciones sociales y de los conflictos asociados a dichas situaciones. La monoparentalidad en sí misma no es buena ni mala, se genera por un modelo determinado de sociedad y en nuestro contexto social viene acompañada de una serie de condiciones de todo tipo. Aparece frecuentemente tras un proceso difícil y muy doloroso donde la necesaria reestructuración personal y familiar se ve acompañada de cambios importantes, en los que la confusión y desorganización personal, familiar, económica y emocional superan en fuerza a los recursos que se tienen para la resolución de las crisis y conflictos. Es asimismo parte de un proceso evolutivo en el ámbito personal y familiar bastante desconocido, ante el que la mayor parte de sus protagonistas se encuentran desorientados y faltos de recursos, es decir, sin saber qué hacer, ni cómo hacerlo.

    Para los hijos/as de estas familias, las tareas psíquicas a superar consisten en:

    • Comprender la situación en que él o ella se encuentran
    • Iniciar una retirada estratégica
    • Superar la perdida por el duelo de la “familia intacta”
    • Manejar los sentimientos de rabia o culpa
    • Aceptar a sus padres y madres en la nueva situación
    • Comprometerse en el amor y superar el miedo al fracaso

    Es importante destacar que las tareas de los adultos y de los hijos/as están interrelacionadas. Para que los hijos/as puedan recorrer su propio camino, los padres y madres deben evolucionar superando la ligazón de la pareja inicial con la que se construyo la familia. En el caso del divorcio, este proceso resulta habitualmente duro y largo porque los miembros de la familia divorciada se ven envueltos en situaciones objetivamente difíciles de superar. Con ayuda de psicoterapia este proceso es, seguro, más llevadero y resulta menos confuso.

    Algunos de los problemas más comunes en estos tipos de familias son: el sentimiento de incapacidad de la madre de llevar acabo la crianza del hijo o hijos adecuadamente, por lo que la madre puede estar buscando apoyos y consejos en una situación que puede sobrepasarla; los trastornos del comportamiento en los niños pueden originarse en situaciones de conflicto cuando el niño presenta demandas exigentes de atención, por la poca disponibilidad de la madre, debida a sus compromisos laborales; otras complicaciones pueden originarse con relación al régimen de visitas del hijo o hijos al miembro de la pareja separada que no tenga habitualmente la custodia; en ocasiones el hijo o hija puede adoptar un rol substitutivo de la pareja ausente, asumiendo responsabilidades o representaciones que pueden estar lejos de sus posibilidades reales por su edad o desarrollo físico o psicológico y ello repercutir negativamente sobre su desarrollo psicoemocional; también la presencia en el hogar de otro adulto, pareja ocasional del progenitor, puede determinar conflictos, celotipias e incompatibilidades que igualmente pueden reflejarse sobre el desarrollo emocional del niño.

    Se debe ayudar a la familia a desarrollar todas sus potencialidades tanto sociales como emocionales y ofrecer el soporte de especialistas, trabajadores sociales ,psicólogos y consejeros familiares en las situaciones en que lo requieran. Esto facilitara su pronta adaptación y resolución de su situación emocional.

  • Conflictos de Pareja

    Las parejas se conforman de distintas maneras, con grados mayores o menores de compromiso, Podríamos atribuir estos formas de relación a las necesidades y circunstancias por lo cual se hacen todo tipo de acomodos que son válidos para cada pareja.

    La sociedad marca la pareja que quiere o que necesita. No tenemos más que considerar la influencia de factores positivos como los avances de la mujer hacia la igualdad social con el hombre y su integración en el proceso productivo; y otros no tan positivos como la ideología hedonista, establecida para mantener un gran nivel de consumo, o la falta de apoyo social al desarrollo de la familia, que pone grandes dificultades laborales para el cuidado de los hijos, y que llevan a considerar tener descendencia como una carga insoportable, junto con otros elementos como las condiciones precarias de trabajo, que por una parte disuaden de establecer compromisos a largo plazo, como tener hijos o comprar un departamento , y por otra establecen jornadas interminables que contribuyen de forma determinante a incrementar las barreras de comunicación en la pareja. Son todos factores sociales que configuran la forma de la pareja que se puede dar en nuestra sociedad.

    Actualmente la base sobre la que se forman casi todas las parejas es el enamoramiento. El enamoramiento es una emoción y tiene un fuerte componente de pasión, afecto, ternura, sexo. Por eso uno de los principales objetivos de la pareja hoy es hacerse la vida agradable. Pero una emoción es pasajera, porque está sometida a la ley de la habituación. Todos sabemos que el enamoramiento se pasa y muchas parejas, basadas solamente en esa emoción se disuelven, "se pierde la ilusión"; "no se siente lo mismo". Sin embargo, el amor apasionado de los comienzos es una vía inmejorable para conseguir mantener la pareja.

    Para ello es preciso desarrollar la intimidad y la validación. Intimidad supone abrirse y contar cosas que, en otras circunstancias, podrían usarse en contra nuestra y recibir aceptación por parte del otro. Cuando estamos enamorados nos ponemos completamente en manos de nuestra pareja y de esta forma construimos la intimidad.

    También decidimos compartir más cosas con el otro y vamos comprometiéndonos ante la sociedad, se guarda fidelidad, se comparte el tiempo, se entrega el cuerpo, se comparten bienes materiales como un piso, etc. finalmente se adquiere un compromiso de vida en común, que puede estar o no refrendado socialmente. Se construye así el compromiso que es la decisión de permanecer en la relación pese a los problemas que vayan surgiendo, luchando con todas las fuerzas posibles para resolverlos.

    Las áreas de conflicto suelen ser variadas pero generalmente los conflictos emergen ante situaciones de poder, la falta de intimidad, el egocentrismo, la falta de comunicación, cambios en las circunstancias como el desempleo, la jubilación, el embarazo, enfermedades, expectativas irreales, cuando los hijos se van de casa o simplemente se hacen mayores y dejan más tiempo libre a la pareja.

    Todos los cambios ya sean positivos o negativos, son fuentes de estrés que exigen a la pareja poner en marcha sus habilidades de comunicación y de resolución de conflictos, además de la motivación para mantenerse juntos y la capacidad de reconocer las debilidades delante del otro y que el otro las reciba sin castigarlas.

    Las estadísticas dicen que los casados viven más y con mayor calidad de vida, sin embargo el índice de divorcios es cada vez mayor en nuestro país. Debido a esto y a que los efectos concomitantes de los conflictos de la pareja en términos de salud mental y física, pueden llegar a ser devastadores, es importante prevenir y tratar los diversos factores que afectan en dado momento a una pareja en particular. Adicionalmente se debe considerar las secuelas importantes en los hijos. Por todo lo anterior, es imperativo que las personas se acerquen a una ayuda profesional.

  • Trastornos Psicosomáticos

    Existe una interconexión entre lo que pensamos, nuestras emociones y nuestras conductas. Así, cuando enferma el cuerpo, se van a producir una serie de reacciones en los procesos mentales del individuo para adaptarse a esa nueva situación. Y viceversa, los estilos de pensamiento, la forma de comportarse ante los demás y nuestras emociones conllevan cambios en el estado físico. En este ámbito aparecen los trastornos psicosomáticos, que por ello también se han denominado recientemente factores psicológicos que afectan al estado físico, o trastornos somatoformes.

    Estos son un grupo de trastornos caracterizados por molestias diversas, en mayor o menor grado difusos, que aquejan al paciente, pero que no pueden ser explicadas por la existencia de una enfermedad orgánica, o al menos no de manera concluyente. Los pacientes suelen insistir en la presencia de síntomas físicos como dolor, inflamación, náuseas, vértigo, debilidad o lesiones, pero niegan tener problemas psicológicos o psiquiátricos, acompañados de demandas persistentes de examinaciones y pruebas diagnósticas, a pesar de que los hallazgos continuamente resultan negativos y la aseveración de los médicos tratantes de que los síntomas no tienen justificación orgánica. La sensación física reportada por los pacientes con trastornos psicosomáticos no es ficticia o inventada, es sintomatología real que no tiene explicación o causa física.

    El diagnóstico de estos trastornos implica que los factores psicológicos son un gran contribuyente a la aparición, gravedad y duración de los síntomas. El estrés puede desencadenar o agravar una serie de enfermedades y puede causar síntomas físicos importantes, sin que exista una enfermedad orgánica. En muchos casos el cuerpo responde fisiológicamente al estrés emocional. A veces el estrés puede causar ansiedad, tensión muscular causante de una serie de dolores musculares.

    Una característica de personalidad que suelen compartir los pacientes afectados por dichos trastornos, es la dificultad para expresar sentimientos y/o para afrontar factores estresantes generales (p. ej., la muerte de un familiar, un divorcio, un embarazo, etc.). Estos estados anímicos activan o inhiben procesos corporales.

    De acuerdo al DSM-IV, (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), los trastornos psicosomáticos incluyen: los trastornos de somatización; los trastornos de conversión; la hipocondría; el trastorno dismórfico corporal; y el trastorno por dolor, los falsos embarazos, la incontinencia urinaria psicógena y la enfermedad psicógena masiva (la llamada histeria colectiva).

    Los trastornos psicosomáticos pueden presentarse con diferentes síntomas, como por ejemplo:

    • Trastornos cutáneos: acné, dermatitis, pruritos, eczemas, hiperhidrosis, urticaria y alopecia areata.
    • Trastornos respiratorios: asma bronquial e hiperventilación, rinitis alérgica
    • Trastornos hemáticos y linfáticos
    • Sistema inmunológico: cáncer, enfermedades infecciosas, alergias.
    • Trastornos cardiovasculares: enfermedad coronaria, taquicardia, arritmia, hipertensión, infarto, angina de pecho.
    • Trastornos gastrointestinales: gastritis crónica, úlcera péptica, colitis ulcerosa, vómitos, estreñimiento, hiperacidez, cardialgia y colon irritable
    • Dolor crónico: cefalea, migraña, artritis reumatoide, dolor sacroiliaco.
    • Trastornos endocrinos: hipertiroidismo, hipotiroidismo y diabetes, obesidad
    • Trastornos de los órganos de los sentidos
    • Trastornos osteomusculares: tortícolis y cefaleas tensionales
    • Genitourinarios: dismenorreas, desórdenes menstruales.
    • Dolor persistente, sin correlacionar con los hallazgos de la exploración física.

    Adicionalmente, hay pacientes con otros trastornos psiquiátricos añadidos, en particular los trastornos depresivos, trastornos de ansiedad y trastornos de personalidad.

    Recientes investigaciones apuntan a que los factores psicológicos pueden desempeñar un papel esencial en la historia natural de este tipo de enfermedades. De modo que factores como la presencia de estresores ambientales, las estrategias de afrontamiento, las conductas relacionadas con la salud, las características personales y los modos de reacción al estrés han demostrado ser de especial relevancia en este sentido. Por ello, los pacientes con trastornos psicosomáticos deben ser manejados tanto por un médico de familia como por un psicólogo o psiquiatra, para reducir la frustración, el estrés y el uso indiscriminado de medicamentos. Los síntomas psíquicos se tratan con dosis bajas de antidepresivos.

  • Duelos / Pérdidas

    Cuando perdemos a un ser querido por fallecimiento o por separación debido a otra causa, atravesamos por un duelo. Durante este período difícil y triste experimentamos reacciones psicológicas (ansiedad, tristeza, dificultades de concentración, rabia), físicas (insomnio, pérdida del apetito, desgano), y sociales (las relaciones que debemos reestructurar y los roles familiares que cambian). En el duelo normal existen 6 procesos básicos que deben darse y que generalmente se van sucediendo unos a otros, aunque no en forma lineal, sino circular, con avances y retrocesos en las etapas.

    1. Reconocer la pérdida ya que la reacción inicial es la negación: "No es cierto", "Es solamente un sueño", "Me estás mintiendo". Actualmente se entiende esta primera etapa como los intentos que nuestro cerebro hace para asimilar la noticia. Por lo tanto las primeras tareas consisten en:

    • • Aceptar la pérdida
    • • Comprender la pérdida

    2. Reaccionar frente a la separación

    • • Experimentar el dolor
    • • Sentir, identificar, aceptar y darle alguna forma de expresión a todas las reacciones psicológicas frente a la pérdida (enojo, ira, impotencia, culpa, etc.)
    • • Identificar y hacer el duelo por las pérdidas secundarias (por ejemplo: aquello que ya no va a ser, y aquello que una vez fue).

    3. Recordar a la persona perdida y volver a experimentar la relación

    4. Renunciar a los vínculos previos con la persona perdida y a la concepción del mundo que esto implicaba (por ejemplo: "Siempre vamos a estar juntos", "El va a estar siempre apoyándome)..

    5. Hacer reajustes para moverse adaptativamente dentro de la nueva realidad sin olvidar la anterior.

    • • Revisar y procesar la concepción del mundo implícita.
    • • Desarrollar una nueva relación con la persona fallecida o perdida.
    • • Adoptar nuevas formas para una adecuada adaptación.
    • • Formar una nueva identidad a partir de lo que uno fue con la persona que ya no está más y de las nuevas experiencias que se vivirán ya sin ella.

    6. Volver a cargar afectivamente nuevas relaciones o personas o actividades, recuperando los intereses, generando otros nuevos y conectándose con los demás.

    Durante este largo proceso se producen muchas descargas afectivas, episodios de llanto, de tristeza y a veces rabia contra la vida y una gran actividad del pensamiento. Estas están destinadas a lograr una sana acomodación a un suceso penoso, buscando integrarlo a la vida de esa persona, y así dejarlo libre para seguir adelante de un modo saludable. En psicología se llama a este proceso "elaboración del duelo". Hay procesos de duelo que, además del dolor y el sufrimiento "normales" y esperados que implican, pueden presentar síntomas asociados con un trastorno depresivo. En esos casos hablamos de "duelos complicados". Esto sucede cuando, dado cierto tiempo desde la muerte, existe alguna falla o distorsión en uno o más de los 6 procesos mencionados anteriormente. Los duelos complicados pueden presentar:

    • • Problemas en la expresión del duelo (ausencia de duelo - la persona sigue con su vida como si nada hubiera pasado, duelo demorado - la reacción aparece mucho tiempo después y duelo inhibido - solamente se observan leves manifestaciones de este proceso).
    • • Extrema rabia o culpa frente a la pérdida
    • • Duelos no anticipados como en el caso de muertes por accidente
    • • Duelos crónicos
    • • Pensamientos de muerte más que voluntad de vivir, con el sentimiento de que el sobreviviente debería haber muerto con la persona fallecida.

    Hay varios factores de alto riesgo que pueden predisponer a cualquiera a tener un duelo complicado.

    • • Una muerte repentina no anticipada, especialmente cuando es violenta, traumática o azarosa.
    • • La muerte de un hijo.
    • • Muerte asociada con la idea de que hubiera podido ser prevenida.
    • • Una relación muy ambivalente o dependiente con la persona fallecida.
    • • La existencia de problemas psicológicos o pérdidas previas.
    • • La percepción o de hecho una falta de apoyo para el sobreviviente.

    Una terapia emocional es indispensable en los casos de duelos normales como en duelos complicados, acelerando el proceso, facilitando el procesamiento de los elementos traumáticos del duelo, disminuyendo el sufrimiento y favoreciendo la reanudación de las actividades.

    Es importante una psicoterapia le brinde al deudos la posibilidad de elaborar la experiencia de su nueva condición comprendiendo e integrando, por ejemplo, que la muerte termina con la vida de aquellos a quienes amaron, pero no le pone un punto final al amor por ellos y que siempre se conservará esa relación única. La historia y la huella que dejaron no se borran, sino más bien puede acrecentar la capacidad de amar.

  • Crisis de la Mediana Edad

    Este término se utiliza para describir un período de cuestionamiento personal, que comúnmente ocurre al alcanzar la mitad de la edad que se tiene como expectativa de vida. La persona siente que ha pasado la etapa de su juventud. En ocasiones, los cambios que se experimentan en estos años, como el envejecimiento en general, la menopausia, el fallecimiento de los padres o el abandono del hogar por parte de los hijos pueden, por sí solas, disparar tal crisis. El resultado puede reflejarse en el deseo de hacer cambios significativos en aspectos clave de la vida diaria. No es una enfermedad, sino una fase de transición personal, que se puede vivir con mayor o menor intensidad.

    La mediana edad de la vida es una etapa que se sitúa aproximadamente entre los 40 y 65 años. Los especialistas afirman que no está sujeta a un tiempo cronológico sino a procesos psicológicos que la acompañan y que no necesariamente deben ser traumáticos. En ocasiones, puede presentarse como una crisis, un momento en el que prevalecen sentimientos de ansiedad o depresión. En otras, puede vivirse como una transición, un hecho esperable dentro de los ciclos vitales, un tiempo de reflexión y evaluación que produzca cambios hacia una nueva etapa. Generalmente, es el momento de la vida en donde se evalúa “cómo llegué hasta acá y qué hago de aquí en adelante”.

    Un estudio realizado en la década de los 90 encontró que las crisis de la mediana edad duran entre tres y diez años en los hombres y de dos a cinco años en las mujeres. Esta crisis parece afectar de manera diferente a los hombres y a las mujeres, ya que las crisis masculinas tienen más probabilidad de ser provocadas por asuntos relacionados con el trabajo. Desde lo biológico, el descenso de la producción hormonal, en especial de los estrógenos, preanuncia la menopausia y en el varón de la testosterona, marca el fin de la fertilidad, por ello, algunos sostienen la hipótesis de que otra causa de las crisis masculinas es la inminente menopausia de su pareja y, por ende, el final de su capacidad reproductiva. Esto renueva la necesidad del hombre de atraer mujeres más jóvenes. La falta de impulso sexual hacia su pareja puede indicar la existencia de un romance, de depresión o de sentimientos de inseguridad con respecto a su rendimiento sexual. Se observan cambios en los hábitos de sueño y alimenticios así como ideas alrededor del fracaso y en ocasiones de la muerte.

    En la mujer, además de la menopausia, lo que entra en juego en esta etapa es su identidad; es un replanteo de la vida en base a diferentes posiciones que le han tocado vivir y que tiene que ver tanto con su historia individual, pero también, con el rol que le ha dado la sociedad: “ mujer igual a esposa, ama de casa, madre”. Se producen en ella, sentimientos de pérdida y dolor; siente que lo mejor de la vida ya pasó, que perdió la belleza, la sexualidad y al marido en algunos casos. Siente que todo se fue con la juventud. El nido vacío afecta más a las mujeres, ya que les provoca enfrentar un cambio de rol, y piensan que viven una vida sin sentido con la partida de sus hijos. La mediana edad puede ser el comienzo de una época en la vida en que las mujeres están más libres de lo que estuvieron anteriormente, más libres de exigencias de ciertos roles del género femenino y que ahora tienen disponible el tiempo y la oportunidad para plantearse la reorientaron en sus condiciones de vida. En este cambio de posición ya no es predominante la necesidad de ubicarse como objeto para satisfacer las necesidades de otros, sino que pasa a ser prioritario ubicarse como sujeto de deseos propios, interrogándose sobre cuáles son los deseos posibles sobre los cuales orientaran su vida.

    Tanto en hombres como en mujeres, en el cuerpo se empiezan a advertir los signos del envejecimiento; la piel pierde elasticidad y lozanía, y las arrugas y canas proliferan rápidamente. La nueva figura corporal, a menudo confrontada con el ideal de belleza física que predomina socialmente, genera insatisfacción.

    Es en esta edad intermedia, es cuando se revisan sueños que alguna vez formaron parte de un proyecto de futuro y que, puestos en perspectiva, la realidad puede convertirlos en promesas incumplidas. En el trayecto, pueden haber quedado carreras inconclusas, viajes postergados, elecciones condicionadas por diversos motivos, matrimonios rotos o parejas sostenidas sólo por los hijos.

    Los deseos de evasión, se expresan a través del consumo incontrolado de programas de televisión, los viajes por internet o la lectura compulsiva de novelas livianas, el juego entre amigos o amigas y aun en los casinos. Los adictos al trabajo incrementan sus horarios y abandonan espacios de intimidad con sus mujeres e hijos, con el pretexto de un progreso económico para la familia o la pareja. En realidad los “work aholics” viven el trabajo como una adicción y la crisis de la mediana edad empeora el cuadro previo.

    Entre los desencadenantes de la crisis más comunes están, el descubrimiento de una infidelidad de la pareja, la aparición de una enfermedad grave de un hijo, o de la pareja, la pérdida del trabajo o de posiciones sociales, un juicio aunque no termine en condena, la revelación de la homosexualidad de un hijo o del cónyuge, el casamiento de un hijo con una pareja inadecuada, el embarazo precoz de una hija soltera o de la novia del hijo muy joven, la muerte de un amigo muy querido y cercano, y sobre todo una enfermedad propia como: un infarto de miocardio, una enfermedad neurológica invalidante, el cáncer de mama en la mujer o de próstata en el varón.

    Se puede afirmar que todos pasamos por alguna
de estas situaciones alguna vez, pero cuando se dan varias o casi todas estas situaciones en una persona, sin duda está pasando por una crisis de la mediana edad, cualquiera que sea su sexo. Por ello es recomendable, que cuando se está teniendo dificultad para manejar los desafíos de esta etapa, se busque ayuda profesional, como la psicoterapia, ya que hablando y enfrentando la crisis, podremos sobrellevarla de una mejor manera.

  • Fobias

    Las fobias son temores irracionales y desproporcionados que se experimentan ante ciertos objetos y situaciones. El miedo se desencadena ante el estímulo específico que lo provoca pese a los esfuerzos de la persona para vencerlo, pues comprende que su miedo es absurdo y desproporcionado y a menudo poco tiene que ver con un peligro real.

    El fóbico tiene miedo a un determinado estímulo que le provoca angustia, pero este estímulo, es sólo una causa aparente, en realidad, no es más que el sustituto de un conflicto que está reprimido en el inconsciente y por lo tanto olvidado. Al ser irreconocibles e inexplicables por el sujeto los conflictos interiores que generalmente están originados en la infancia, atribuye su origen a un objeto externo y se dedica a evitarlo, con lo cual evade la angustia, pero el conflicto inconsciente sigue sin resolverse.

    La fobia tiene pues un sentido manifiesto, evidente, y otro interno que es el desconocido y que es el que le interesa al psicoterapeuta para poder efectuar la cura. Por ejemplo, el miedo a los lugares abiertos podría considerarse un miedo absurdo sino fuera porque tiene un significado en el inconsciente y éste significado está relacionado con un conflicto emocional a descifrar en una terapia emocional.

    Existen fobias a todo tipo de cosas o situaciones. Las más comunes son:

        Agorafobia, miedo a los espacios abierto
        Claustrofobia, miedo a los espacios cerrados
        Agorafobia: miedo a los lugares públicos
        Acrofobia: miedo a las alturas


    Cuando una persona fóbica se acerca al objeto de su temor irracional, la sensación es de desazón, inquietud, temor, palpitaciones, sudores, ahogos, etc., experimentando un cuadro real de angustia. Así pues, el enfermo fóbico evitará las situaciones que le provocan dicha angustia. El problema se ve agravado cuando la vida de la persona empieza a verse limitada por dichos temores irreales. Por ejemplo, si una persona vive en un ambiente urbano y teme los lugares abiertos, cada vez se irá aislando más y más hasta llegar al punto de no poder salir de su casa.

    La terapia analítica no trata sólo de superar la fobia sino de averiguar su significado inconsciente y cuáles son los conflictos interiores que impiden al enfermo moverse libremente por la vida. Conjuntamente se pueden también aplicar técnicas cognitivo-conductuales para que la persona pueda controlar gradualmente la angustia.

  • Trastornos de la Alimentación

    Los Trastornos de la Alimentación cada día son más frecuentes y preocupantes en nuestra sociedad.

    Los trastornos de la alimentación más comunes son:

    • Obesidad
    • Anorexia Nerviosa
    • Bulimia Nerviosa
    • Trastorno por Atracón
    • Ortorexia
    • Vigorexia

    La obesidad infantil y la obesidad mórbida en adultos, está avanzando progresivamente en nuestro país, como lo hizo en décadas anteriores la anorexia o la bulimia. También están apareciendo nuevos trastornos como el Trastorno por Atracón, en el que se dan atracones bulímicos pero no van acompañados de vómitos, purgas o ejercicio excesivo como en la bulimia, la Ortorexia en la que se va reduciendo la ingesta a determinados alimentos pretendiendo una alimentación saludable que por supuesto no lo es, o la Viogorexia en la que se persigue un cuerpo musculado, para lo cual se utilizan fármacos y hormonas y se reduce la variedad alimentaria.

    Estos Trastornos de la Alimentación vienen acompañados de sentimientos de culpa, tristeza, inadecuación, rechazo social, dificultades laborales, dificultades en las relaciones tanto con amigos y familia, como con posibles parejas, incluso autolesiones o ideas suicidas, etc.

    En ocasiones se presenta la combinación síntomas de dos o más de los cuadros mencionados.

    Es necesario acudir a un psicoterapeuta, ya que un abordaje profesional del problema evitará la que los síntomas se conviertan crónicos, no sólo en términos psicosociales, sino en complicaciones médicas. Es importante que el psicoterapeuta evalué la necesidad de acudir a un psiquiatra, nutriólogo o algún otro especialista de la rama de la medicina.

  • Victimas de la Violencia Familiar o Laboral

    Los efectos psicológicos de una violencia crónica en el contexto familiar o laboral son devastadores manifestándose en miedo, ansiedad, fatiga, inseguridad, depresión, desmotivación, aislamiento, así como la inestabilidad en el sueño y en la alimentación, teniendo consecuencias en la salud física y mental. El término acoso se refiere a la conducta insultante, maliciosa, ofensiva, intimidatoria, abusiva y persistente del poder que hace sentir a la persona burlada, humillada o vulnerable y que socava su autoestima y le causa ansiedad

    Las personas maltratadas física y psicológicamente pueden tornarse dependientes y sugestionables y encontrar dificultades para tomar decisiones. La relación con el abusador agrava las consecuencias psicológicas que las personas sufren por el abuso y los vínculos emocionales, legales y financieros que las víctimas tienen con el abusador, acentuando sus sentimientos de vulnerabilidad, perdida, engaño y desesperanza. Muchas veces lo anterior aunado al miedo, provoca que la persona se aislé tratando de esconder la evidencia del abusador.

    Dichos efectos hacen del maltrato un contexto elemental para muchos otros problemas de salud. La relación entre el maltrato y la disfunción psicológica tiene importantes implicaciones con respecto a la depresión y otros trastornos concomitantes.

    Los efectos colaterales de esta afectación se hallan en el orden personal, familiar, social y laboral. La alternativa para estas personas es la intervención sostenida de una terapia psicológica psicoanalíticamente orientada, que les ayude a entender el vínculo perverso del tipo sado-masoquista y las necesidades inconscientes que los motiva ya sea a provocar o a permanecer en una relación de esta índole.

  • Dificultades Ante la Vejez de los Padres

    Para abordar la problemática del envejecimiento de los padres, se debe conocer el rol del viejo dentro de la estructura y la dinámica familiar, la naturaleza de las relaciones con los hijos y las formas de la solidaridad intergeneracional como un elemento fundamental en torno a la calidad de vida en la vejez y las necesidades de los hijos para hacer frente a esta responsabilidad.

    En nuestra cultura, la familia se convierte en la proveedora principal de cuidados y fuente de sostén para el anciano y representa el apoyo más importante. Por lo tanto, la calidad de vida y el sentimiento de bienestar de los padres en la tercera edad recaen de manera importante en los hijos.

    Cuando los hijos y en ocasiones los nietos, tienen que tomar las riendas de los problemas concomitantes que trae consigo la vejez surgen necesariamente diferencias, tensiones, problemas económicos y todo tipo de conflictos dentro del seno familiar que afectan el bienestar emocional de todos los involucrados.

    Uno de los aspectos más importantes que provocan la complejidad de las relaciones en la familia, es el modo en que los diferentes miembros asumen los nuevos roles. Por ejemplo, habrá personas que se niegan a aceptar que sus padres necesitan de sus cuidados y desean seguir manteniendo su status de ser cuidados por los padres. Asimismo, muchos adultos mayores, no reconocen sus limitaciones y rehúsan los cuidados que deben ya obtener de sus hijos.

    Generalmente, los padres tienen expectativas de ser retribuidos con afecto, apoyo moral y ayuda financiera. Por otro, lado, los hijos pueden querer permanecer con la distancia o la independencia con respecto a sus padres cuando éstos todavía se valían por sí mismos. Es dentro de estas expectativas mutuas en el que operan muchos de los nuevos conflictos entre hijos adultos y padres viejos.

    Hablar de roles invertidos entre hijos y padres en la vejez lleva a confusión porque el viejo atravesó la adultez, desempeñó más de un rol, de hijo y de padre, y sigue siéndolo, con su inevitable declinación física en algún punto de su trayecto. Un viejo no puede asimilarse a la imagen de un niño, ni nunca será el hijo de su hijo, aún en su fragilidad sigue siendo el padre con su historia familiar.

    Algunas situaciones comunes que provoca el aumento de las problemáticas familiares con el envejecimiento de los padres se deben a la superposición de varias generaciones con diferentes necesidades y demandas y al aumento de la responsabilidad emocional y económica por la dependencia de los padres.

    Añadido a esto, salen a relucir conflictos interpersonales de larga historia que jamás se resolvieron. Como consecuencia, por ejemplo, algunos hijos adultos se resistirán o se negarán a asumir la responsabilidad, provocándoles sentimientos de culpabilidad, tensiones entre los hermanos, trastornos psicosomáticos y otros desajustes adaptativos que se pueden prolongar generando gran sufrimiento para algunos miembros de la familia incluyendo desde luego a los padres en la tercera edad.

    Cuando la enfermedad irrumpe o sobreviene la discapacidad, el conflicto adquiere un tono diferente, que se agrava si se trata de una enfermedad crónica. Ante el problema es necesario reorganizar el sistema familiar.

    Algunos factores de riesgo de disfunción familiar ante la vejez de los padres son:

    • • Historia de disfunción familiar en etapas previas del ciclo vital.
    • • Actitudes intolerantes hacia las características propias del envejecimiento.
    • • Deterioro del estado funcional del anciano.
    • • Dificultades en el reajuste y/o cambio de roles familiares que se impone en esta etapa.
    • • Insuficiencia en el sistema de apoyo familiar al anciano (económico, instrumental y/o afectivo).
    • • Rigidez en la escala jerárquica o en la toma de decisiones de la familia.
    • • Dificultades en la adaptación a eventos vitales que se dan en la vejez, tales como pérdida del cónyuge, jubilación, cambio de domicilio, etc.
    • • Presencia de miembros que presentan alcoholismo, trastorno psiquiátrico o enfermedad crónica invalidante.

    Es importante consultar a un profesional de la salud mental para identificar y atender la conflictiva específica que enfrenta cada persona ante esta situación demandante, con el fin de tener una comprensión y un ajuste de roles. La vejez de los padres brinda también una oportunidad para superar antiguos conflictos y puede y debe generar una satisfacción, así como un crecimiento y desarrollo personal.

  • ¿A quién va dirigido?

    Va dirigido a los adolescentes y/o adultos que presentan de manera recurrente, uno o varios de los siguientes síntomas:

    • Se sienten tristes la mayor parte del tiempo
    • No tienen ganas de hacer las cosas
    • Están pasando por un período difícil en sus vidas: adolescencia, pérdida de un ser querido, menopausia, divorcio, jubilación o alguna enfermedad grave
    • Tienen comportamientos destructivos
    • Observan que sus hijos tienen problemas de aprendizaje y/o conducta
    • Tienen dificultades para relacionarse (pareja/familia)
    • Actúan impulsivamente
    • No tienen una vida sexual satisfactoria
    • Creen que su manera de comer no es adecuada
    • Viven continuamente estresados
    • Son víctimas de maltrato emocional, verbal, físico o sexual
    • Sienten ira o enojo permanente
    • Desean superarse y mejorar su estilo de vida

    Si te identificas con alguno o varios de los puntos anteriores, debes considerar acudir a una entrevista con alguno de los profesionistas que conforman el grupo de Psicología Integral con el fin de obtener, en la primera entrevista, información y orientación con respecto al tratamiento a seguir.

  • ¿Qué te ofrece una psicoterapia?

    Se espera que la psicoterapia dé alivio a los síntomas que aquejan a la persona cuando solicita ayuda. Asimismo pretende concientizar acerca de las conductas inapropiadas o nocivas que le afectan en su vida diaria.

    La psicoterapia da las herramientas necesarias para que las personas entiendan como han enfrentado los diferentes desafíos de la vida y puedan hacer los cambios y adaptaciones necesarias para tener una mejor calidad de vida en el presente y en el futuro. De esta manera se entiende que la psicoterapia no sólo atiende los síntomas, sino que promueve el crecimiento personal.

  • ¿Cuándo debo solicitar ayuda?

    Debemos acudir a un psicoanalista o psicoterapeuta cuando nos enfrentamos a situaciones que parecen rebasarnos, tales como problemas personales, laborales, familiares o de pareja. Estos conflictos nos restan energía para relacionarnos adecuadamente con nuestros seres queridos y para ser más productivos; también dejamos de ser funcionales en nuestras actividades diarias.

    En otras ocasiones experimentamos sucesos traumáticos que nos inhabilitan como la pérdida de un ser querido, un problema legal, la traición de un socio o la pareja, tener un familiar gravemente enfermo, etc.

    Se debe solicitar ayuda psicológica cuando vivimos de manera crónica o aguda con una sensación de fracaso, irritabilidad, culpa o vacío, así como si se padecen trastornos psicosomáticos, apatía, ideas obsesivas, fobias, ansiedad, entre otros.

    El tratamiento psicológico es muy oportuno también para aquellas personas que tienen inquietud de analizar con mayor profundidad algunos aspectos de su personalidad, y que con ello, puedan gozar de mayor libertad para disfrutar de una vida más plena. Ciertamente, un tratamiento psicológico con orientación psicoanalítica, conduce al autoconocimiento, situación que permite por un lado identificar las conductas que nos impiden alcanzar nuestras metas, y por otro nos ayuda a hacer ajustes para lograr nuestros objetivos.

    Muchas personas han buscado respuesta a malestares emocionales a través de la medicina sin encontrar una explicación a sus padecimientos. Es también en estos casos, cuando se debe solicitar ayuda psicológica.

  • ¿Qué tipo de terapia me conviene?

    La psicología, como cualquier ciencia, va aumentando sus estudios y sufriendo modificaciones dando nuevas perspectivas a las líneas teóricas originales, de aquí que surgen varias escuelas con distintos enfoques.

    En la práctica clínica se ha observado que de todas ellas, los dos enfoques más exitosos para ayudar a las personas con problemas emocionales son:

    - las psicoterapias psicoanalíticamente orientadas, ya que se basan en un análisis introspectivo de las conductas y la personalidad de cada paciente utilizando técnicas específicas, y

    - la terapia cognitivo-conductual, utilizada para ayudar a las personas a aprender nuevos modos de pensar, actuar y sentir.

  • ¿Cómo elijo a un psicoterapéuta?

    Es importante elegir a un psicoterapeuta que tenga las acreditaciones necesarias tales como títulos universitarios y la especialización en instituciones reconocidas. Nuestro equipo de profesionales cuenta con estudios de maestría y doctorado y acreditaciones como psicoterapeutas y psicoanalistas

    Se ha visto que además del género y edad del terapeuta, tienen gran peso también su experiencia, preparación, ética y vocación.

    Debido a la neutralidad del terapeuta en el tratamiento psicoterapéutico o psicoanalítico, se facilita que el paciente deposite sus necesidades emocionales restando importancia al que el terapeuta sea hombre o mujer, o que sea mayor o menor que el paciente.

    Es importante tener una o varias entrevistas con el terapeuta con el que se pretende iniciar una terapia para determinar si se dio un ambiente de confianza y empatía.

  • ¿Cuánto dura una psicoterapia?

    Debido a que durante mucho tiempo las personas han estado inmersas en dinámicas que les restan energía para progresar y ser más felices, la psicoterapia psicoanalíticamente orientada pretende hacer cambios profundos en la personalidad por lo que se requiere de mayor tiempo.

    Sin embargo, cuando existen situaciones que requieren de una solución urgente, se puede adaptar el proceso psicoterapéutico a una intervención de menor tiempo, atendiendo mayormente el aquí y el ahora brindando un apoyo inmediato y específico.

  • ¿Cuáles son los obstáculos para asistir y permanecer en una terapia emocional?

    La teoría psicoanalítica hace referencia a la existencia de la resistencia de las personas al cambio. Si bien existe la noción consciente de la necesidad de un cambio, también de manera inconsciente se activa el temor a dejar lo que es conocido y familiar, aunque esto sea disfuncional y en ocasiones patológico.

    Algunas de las razones por las que a las personas se les dificulta acercarse a una psicoterapia, es que en nuestra sociedad siguen existiendo, desafortunadamente, ideas y concepciones erróneas de lo que es la psicología como ciencia, así como lo que representa el beneficio de un tratamiento psicológico. Aunado a lo anterior, existen críticas, burlas y todo tipo de presiones que dificultan tomar la decisión de iniciar o continuar en tratamiento.

    Adicionalmente, cuando una persona decide ir y empieza a cambiar, altera la forma en que se relaciona en su entorno familiar, laboral y social, repercutiendo en las dinámicas anteriormente establecidas. Esto probablemente genera malestar, inquietud o incomodidad en los demás, así como dudas con respecto a sus propias vidas, por lo que los otros pueden cuestionar y convencer al paciente que debe abandonar su tratamiento.

  • ¿Por qué hablar de mis problemas con un profesional?

    Acudir con un terapeuta proporciona un espacio seguro, neutro y confiable ya que el paciente puede hablar libremente de su historia, sentimientos, errores, etc., con la garantía de que no serán revelados a nadie y de que el terapeuta no emitirá ningún juicio de valor, ni el paciente perderá o ganará su afecto al hablar de cualquier tema. En cambio, al hablar de sentimientos o conflictos con amigos y familiares, el paciente se expone a ser juzgado, traicionado y terminar confundido en lugar de apoyado.

    Otra ventaja de acudir con un profesional, es que el terapeuta utiliza técnicas específicas como la interpretación de las conductas verbales y no verbales en beneficio del paciente y no como críticas o juicios de valor. Asimismo al funcionar el terapeuta como una pantalla en la que el paciente pueda proyectar todo tipo de sentimientos, positivos y negativos, y no reaccionar de manera personal, permite que el paciente entienda de manera objetiva, aquellas características de su personalidad que le son disfuncionales para que pueda funcionar de manera más adaptativa.

    Al hablar y analizar los problemas con la escucha de un terapeuta, estos se entienden mejor y se procura resolverlos en lugar de actuarlos de manera destructiva o que se conviertan en síntomas o enfermedades.

  • ¿Cuáles son los diferentes tipos de psicoterapia?

    Existen varios tipos de psicoterapia que abarcan tanto un cuerpo teórico así como un método de tratamiento.

    El psicoanálisis parte de las concepciones originales de Freud y ha sido constantemente revisado y actualizado por teóricos contemporáneos. Esta corriente aborda las problemáticas a través del entendimiento de las motivaciones inconscientes y los mecanismos de defensa. Promueve un cambio profundo y estructural, por lo que el proceso suele ser a largo plazo.

    La corriente cognitivo conductual así como las corrientes humanistas ayudan a entender el comportamiento del paciente en términos de las circunstancias actuales. Proveen herramientas para enfrentar situaciones que requieren una atención inmediata por lo que enfatizan el cambio en las formas habituales de proceder, mismas que suelen ser inadecuadas y que obstaculizan el crecimiento y el bienestar del paciente, por lo mismo su duración tiende a ser a mediano plazo.

    Es importante recalcar que los psicoterapeutas con formación psicoanalítica pueden, y de hecho utilizan técnicas de ambas corrientes de acuerdo a cada caso, por lo que la duración del tratamiento puede no ser prolonganda.

  • Diferencia entre un psicólogo, psicoanalista, psicoterapéuta y psiquiatra

    El Psicólogo es una persona titulada de la licenciatura en psicología por lo que cuenta con conocimientos generales de las diversas ramas y corrientes de la psicología, sin tener conocimientos ni el entrenamiento específico para atender pacientes en consulta privada.

    Un Psiquiatra tiene una formación médica y por lo mismo es el único profesional de la salud mental que está legalmente autorizado para medicar. Su explicación de la sintomatología que aqueja a los pacientes con trastornos emocionales, parte de un razonamiento de que existe algún desajuste fisiológico u orgánico y no puramente psicológico

    Un Psicoanalista es aquella persona que después de su licenciatura se ha formado y entrenado en institutos psicoanalíticos reconocidos tanto a nivel nacional como internacional. Esta formación abarca aspectos teóricos y prácticos así como la supervisión continua de casos y un psicoanálisis didáctico durante todo el entrenamiento. Esta especialización cuya duración es aproximadamente de siete años, capacita al profesionista para trabajar en la práctica privada.

    Un Psicoterapeuta se especializa en alguna de las diferentes ramas de la psicología que le permiten entender desde una perspectiva específica, el comportamiento y la mente humana. Esto lo acredita para atender pacientes en consulta privada.